Félix de la Concha | LA REGLA DEL 25
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La regla del 25. Una granja en Prairie du Chien Road

(por la mañana, al mediodía y por la tarde)

 

 

 

Iowa City 2010-2011
Composición de 75 pinturas de 37 x 60 cms. cada una. Óleo sobre lienzo.

 

 

La granja es un elemento vernáculo del medio oeste y muy machacado como motivo en la pintura. Empezando por Grant Wood, el pintor más famoso de Iowa. Aun con el riesgo de poder caer en el cliché, por fin me decidí a abordar este tema sin prejuicios.

La mención en el título a la regla del 25 se debe a que este número aparece en la obra de distintas maneras:

Son tres grupos de 25 cuadros. Y cada uno representa un momento del día: mañana, mediodía y tarde. Juntos componen 75 vistas de una granja que pinté desde una ladera que bordea la carretera de Prairie du Chien en Iowa City.

Cuando acababa cada cuadro avanzaba o retrocedía 25 pasos y pintaba una nueva visión desde allí. En el grupo de la mañana me desplazaba ladera abajo y me aproximaba más a la granja en cada nuevo cuadro. Por la tarde me desplazaba ladera arriba; me alejaba en el sentido contrario. Siempre avanzaba o retrocedía 25 pasos entre un cuadro y otro. Al mediodía, en cambio, en vez de hacer un recorrido continuo, como en los otros dos, empecé en un punto en el medio desde donde me desplazaba alternativamente hacía arriba y hacia abajo.

A cierto punto se cruzaban los tres recorridos y las visiones, pero al tardar varios días o semanas en acabar cada uno de los cuadros nunca llegaron a coincidir, ni en la misma época del año, ni tampoco en el mismo punto exacto; todas las composiciones y luces son distintas, a la vez que guardan un ritmo entre ellas.

Además de los 25 pasos y 25 cuadros de cada serie, esta regla del 25 también se aplica a los límites meteorológicos en que pude pintarlos. Por ejemplo, cuando las temperaturas bajaban a más de 25 grados bajo cero ya no consideraba conveniente pintar durante más de 25 minutos seguidos. Cuando los vientos soplaban a más de 25 millas por hora (40 kilómetros por hora), era casi imposible atinar con las pinceladas. El cuadro se movía demasiado. Y era hasta peligroso, porque pintaba con una sombrilla para evitar que el sol me diera directamente en el lienzo. La ataba bien a la silla, pero un día, con una fuerte ráfaga, salió disparada y como una flecha se fue a clavar justo en el cristal trasero de mi coche, pulverizando la luna.

Félix de la Concha